Por Norinna Carapelle

Revista SMotos ya se está instalada en la localidad de Alcácer do Sal, a sólo 23 km de Grándola, donde se encuentra el recinto ferial en el cual se emplaza el paddock que albergará por más de una semana a los equipos mundialistas que vienen a la gran fiesta del motociclismo mundial: los Six Days.

Primer día en terreno:
Ya en el paddock, podemos contar que es enorme y está emplazado en el Parque Feria de
Exposiciones de Grándola, con 2.200 m2 de salones techados, 1.170 metros de ciclovías y una
explanada de otros 2.200 m2 donde las carpas de cada equipo brillan bajo los 27°C de un otoño particularmente caluroso. Las banderas verdes de Motorex flamean sin parar; el naranja brillante de KTM invade un gran espacio; el azzurro de los italianos deslumbra, al igual que el azul de Francia, el rojo de Beta y la publicidad amarilla y negra de Acerbis, entre tantos otros, como la gran carpa de WP Eric Augé.


En el parque cerrado ya hay algunas motocicletas, como la de Andrea Verona, aunque tiene una réplica exacta con la cual puede practicar. Los 40 chilenos están repartidos en diferentes carpas y en nuestro recorrido encontramos a Los Camperos, Agu Cortez, Mauri Cuadra, Joaquín Ovalle y a los “niños maravilla” Coyoye y Benja, los Barros, Benja Herrera, Javier Rauch, Matteo de Gavardo, Chechín Villaronga, Cristóbal Huerta, los Mamoros de Copiapó, los Kri Kri Sánchez padre e hijo, Martín Fernández, Juan Ignacio Costabal, los Ramdohr padre e hijo, el DT Cristian Soto, a Valeria Toledo, a los Goñi y las entusiastas mamás de varios pilotos que están acompañando a sus retoños.

El paddock es ordenado y con mucho espacio (sin los gritos del año pasado de los italianos, que son más revoltosos que los lusos), hay una zona de juegos, varios puestos de comida con precios parecidos a los de Chile y una sala de prensa con buen Wifi y con lo necesario para que podamos cumplir con nuestro trabajo. Es la previa de una fiesta llena de expectativas en estos 100 años de una de las pruebas de motociclismo más duras, en que piloto y máquina se unen y enfrentan palmo a palmo para obtener el tan preciado podio.
Lo que tampoco se supo:
El director de la revista SMotos, Alexis Vásquez, ya en el aeropuerto de Santiago se mandó una de sus primeras “alexicosas”, al dejar olvidados sus lentes ópticos antes de embarcar, pero por suerte se acordó y pudo recuperarlos. Una vez en el avión y ya acomodado se preparó para relajarse viendo una película, pero a la altura de Pudahuel ya estaba en los brazos de Morfeo (hay que concederle que el día anterior estuvo hasta las 3 AM terminando la edición 47 de la revista).
La escala en Madrid fue muy ajustada, por lo que hubo que correr para cambiar de terminal,
tomar el tren, un bus, subir chorrocientas escaleras para llegar a la puerta 97 (la última, en los
confines), pero una vez más el director se pasó tres pueblos, o mejor dicho 10 puertas de
embarque, porque era la 87, cuek. Desde Madrid a Lisboa fue una hora de vuelo y de ahí a recoger las maletas. Tras una hora y media de espera, la maleta del dire no llegó y al hacer el reclamo correspondiente avisaron que se quedó en Madrid, así es que aún esperamos su arribo (no contaremos que se le perdió la llave de la maleta).

En el mismo aeropuerto alquilamos un auto y nos dirigimos al lugar de reclutamiento: Alcácer do Sal, en la región del Alentejo, pintoresco poblado situado a orillas del río Sado, lleno de cafecitos y restaurantes que ofrecen gran variedad de mariscos y pescados, con casas blancas y tejas anaranjadas, coronado por un castillo, hoy reconvertido en posada, con la iglesia matriz imponente con sus dos torres, estrechas calles empedradas y una belleza serena y relajada.










