LA CARRERA DE LOS “ENANOS”
(que nadie se sienta, todo exagerado)
Hay muchas formas de llegar al estrellato, pero cada camino tiene tres pilares comunes: plata, talento y suerte.
En lo del money estaremos casi todos de acuerdo. Para un deporte caro como el motociclismo-considerando todas sus disciplinas- se requiere una billetera gordita y constante en el peso. No ser platudo un día y al otro no, como en un vaivén permanente de escasez y riqueza. Ojalá no depender de los demás por la magnífica razón que “el niño es bueno para la moto”.
Lo del talento no todos lo tienen. Unos pocos lo traen en su ADN y otros lo van adquiriendo con la práctica y la disciplina, esa que te lleva a coquetear con los circuitos siempre dignos de estudiar antes de una carrera.
Y la suerte está en todo… Que tu papá no se aburra de acompañarte hasta a los entrenamientos, que no sufras una lesión maldita, que no te choque un colega por detrás (al menos que no se ensañe contigo), que te toque una polola (o pololo) comprensiva (o), que el grupito de amigos no te deje de lado por no ir nunca a sus fiestas o que no te toque un papá obsesivo, termocéfalo, dueño del mundo… Algo así como Odín y su hijo Thor.
Sin profundizar en lo ya dicho, porque el tema da para varios capítulos, nos centraremos en aquellos papis-apoderados que, una vez descubierto el manantial de la eterna alegría, buscarán con todas sus fuerzas las llaves del éxito.
Te preguntarán discretamente -a los que tenemos más años en el oficio- “¿qué debe hacer mi cabro para llegar a campeón mundial?”. Y dejarán de preguntar cuando se les conteste “páralo al lado de los dos pilotos más experimentados para que aprendan de mecánica y fotaleza mental».
Paso siguiente, contactar al profe de moda, que les asegure, ojalá que por no muchas lucas, tiempo 24/7, traslado a los entrenamientos, actualización permanente en aspectos físicos y técnicos, consejos prácticos de alimentación y palabras de aliento en lo posible para que el enano sienta al Míster como un papá o una mamá en 2° grado.
Una vez cumplido el primer objetivo, que el cabro chico no se caiga a cada rato y gane su primera carrera (¡no importa que sea a cabritos más chicos!), hablar con la revista especializada para que, tú sabes, o al menos lo intuyes, le haga su primer reportaje para mostrarlo en el colegio y a las abuelitas.
Tras cartón comenzarán las peticiones del propio piloto, ya empoderado, y habrá que aguantar a pie firme: guantes de cierta marca y no de otra, moto del año (esa que ocupan el Benja, el Ruy o el Hardy), prácticas en recinto iluminado (por si nos toca competir en el AMA), ir con la polola (o pololo, insistimos) a todos los eventos de provincias y permisos para faltar al colegio o cambiarlo a uno con sistema libre.
Superados los saltos y whoops de los 65cc, 85 cc y proyectados a categoría Junior la consulta será “papá, si el Michael y el Jacobo ya fueron una vez al Rancho del Kelly en Estados Unidos, han ido a varios latinos, a Six Days y se preparan para competir en el Campeonato Español o Italiano, ¿qué tal un año sabático para probar suerte también fuera?”.
Ahí te quiero ver perrito, porque si el cabro es realmente bueno; si pasó por todas las etapas existenciales que lo desviarían de la moto; tiene notas correctas; es educadito; se acuesta entre neumáticos y te asegura que puede llegar a ser un Tony Cairoli, un Holcombe, un Toby Price o una Laia Sanz (en el caso de las mujeres), ¡sonaste, lisa y llanamente!
Ya verás si tu mamá –su abuelita- regala el billete, si te dieron el 50% del retiro del fondo de las AFP, si el padrino del cabro es de apellido Luksic o Angelini, si Honda-Yamaha o KTM te pasan una máquina (ojalá 2), qué sé shoooo, para pagar la cuenta que se te viene encima para la Academia o el Team europeo que tornará famoso al “enanito”, que gastaba en el puro rodado cuando comenzaba en el hare scramble. ¡Ah! y no te olvides porfa de la platita para el relacionador público, uno de esos periodistas que tienen contacto con los medios y saben cobrar!!.
¿Ya les hablé del Team Manager que se necesita para impulsar la carrera internacional del niño? (porque pasó de moda que los papis hagan esa pega, además)… Lo dejo para la próxima editorial. ¡No temáis!









