Los “pros” y los peligros de las RR.SS.
La nueva sociedad de las redes (bien reflejada en películas como The Social Network, El Círculo, Open Window, Snowden, Trust y Disconnect, entre otras) nos pone en un escenario abierto, libertario, adrenalínico y peligroso incluso, recordando que hasta fines del siglo XX primaban la televisión y medios tradicionales de comunicación, radio y prensa escrita en general.
Hoy, las múltiples plataformas dan poder, y empoderan a la vez, al que antes era un NN, un personaje anónimo, gracias al acceso a otras gentes que te da un celular, una tablet o compu ligado a internet.
Ninguna novedad, por supuesto, hace ya rato que estamos en este escenario de bajo costo al que temen los gobiernos, se rinden los políticos y que es capaz de hazañas sociales (positivas o negativas) de magnitud, por aquello de la “viralización” o del dato exacto, en el momento justo.
Facebook (creada en el 2004), Twitter, Instagram, YouTube, Linkedln, Snapchat, son parte de esas redes sociales que, por sus características de sitios web y/o aplicaciones, permiten a personas compartir contenido en tiempo real, de manera eficiente y rápida, desde casi cualquier rincón del mundo. Así se forman comunidades donde la discusión e interacción es posible.
Su popularidad aumenta o disminuye dependiendo de muchos factores , inclinándose en esta época de estallidos y pandemia hacia los videos e imágenes por sobre la lectura más fundada y menos superficial. Mientras menos líneas mejor, y si es la pura foto la que te lo diga todo, sin obligarte a ocupar neuronas, se agradece aún más.
La sociedad digital, a la que definitivamente nos integramos desde hace dos décadas con el portal web www.smotos.cl, es una tromba que te obliga a la actualización continua para no naufragar, que te hace navegar por mares insospechados y sorprendentes que, no necesariamente, conllevan a un “rapto intelectual” o pérdida de la voluntad propia. Porque también es una ventana al mundo por descubrir y que a los “nativos digitales” les da herramientas formidables.
El ponerse al frente de una comunidad a través de estas plataformas, donde algunas son calificadas de “irrespetuosas”, “lesivas”, “agresivas”, significa tener derechos de afiliar “seguidores” a tu propuesta, pero también tener deberes de informar a los demás con objetividad, veracidad (ya se ha visto lo terrible que pueden resultar las fake news o noticias falsas circulando de casa en casa) y sin ramplonería. Opinar con conocimiento cabal o con el criterio que significa dignificar, dar base de sustento, a quienes pretendes orientar.
Una de mis frases favoritas es no dar poder a los “lesos con iniciativa” de los que abundan, lamentablemente. Otros prefieren aquella “Si los tontos volaran, Chile (y el planeta) pasaría nublado”.
Si los medios de antes te exigían una credencial de chico listo, estudioso, profundo, recto, profesional, incorruptible (que no siempre se lograba, claro está), ¿por qué habría que pedir menos a quienes levantan los Instagram, Facebook y YouTube para poner su sello?. ¿Por qué dejar que los promotores de la ofensa, del garabato, de la bajeza, de la cizaña, sin aporte real, circulen con sus comentarios por las distintas redes?
Los multimillonarios que manejan estas plataformas saben de lo que hablamos.
Responsabilidad y ética parecieran palabras bastantes pretenciosas, pero sumamente actuales desde los orígenes del hombre primitivo hasta los colonizadores de Marte.









