Foto portada: Más de un centenar de motos de distintas épocas puede conocer el visitante en el MUMO, de Puerto Octay.
(@mumomuseo)
@museomjhr
Con la primavera ya instalada en nuestro paisaje humano y geográfico, el sol invita a proyectar actividades hacia el exterior, ojalá hacia lugares luminosos que contribuyan a dejar atrás el ostracismo de un invierno proverbialmente lluvioso y gris.
Y en ese afán recreativo, el sur de Chile ofrece atractivos naturales y otras opciones de entretención de gran interés, entre las que se encuentra una importante muestra inaugurada hace menos de un año: el Museo de Motos de Puerto Octay, enclavado en la ribera norte del Lago Llanquihue, en la provincia de Osorno, Región de Los Lagos.
El MUMO cuenta con una colección de cerca de 110 motocicletas históricas, cobijadas en un edificio de arquitectura contemporánea de 1.200 metros cuadrados integrado al paisaje del lago Llanquihue. El deslumbrante espacio propone un recorrido por la evolución técnica, estética y cultural de las motos, sumándose como un nuevo polo turístico para la Región de Los Lagos.

Las motos como patrimonio cultural
El visitante puede disfrutar no sólo de la interesante colección de motos y sus historias, sino también apreciar la estructura de un galpón donde la madera es protagonista, destacando el entramado de vigas en forma de rombos que cubren el cielo. A la altura de otros países, la exhibición destaca modelos clásicos y emblemáticos de diferentes momentos y procedencias, permitiendo al visitante recorrer imaginariamente distintas épocas de cultura, innovación y cultura motociclística.
El Museo expone motos de variados modelos desde el año 1906, con cerca de 60 marcas y funciona de miércoles a domingo. Su creador es el empresario Francisco Maturana, un apasionado por las motos (legionario del Desierto) y que aportó su colección privada al proyecto. En una entrevista reciente reveló que su inspiración nació de una visita al Field Museum Of Natural History de Chigago, luego ver una obra titulada “El arte de la motocicleta”. Y hoy sigue convencido de que “más que objetos, las motos son depositarias de historias tanto personales como del mundo”.

El museo de la familia Henríquez en Lautaro exhibe joyas de colección.
Lautaro también muestra su historia
Sin embargo, no es único ejemplo del interés por compartir a través de las motos una expresión del patrimonio cultural. En la ciudad de Lautaro existe también un museo privado perteneciente a la familia Henríquez Moraga, que contiene una colección de veinticinco motos y motonetas antiguas de origen chileno, alemán e italianas, entre otras.
En el año 2000, José Henríquez Moraga comienza la restauración de una motoneta del año 1956 inactiva en su patio durante dos décadas y perteneciente a su padre, José Henríquez Rebolledo. El interés por las máquinas antiguas atrapa a la familia y en los siguientes 25 años incrementan el número de motos y motonetas con la adquisición, restauración e incorporación de nuevas máquinas.
Entre ellas figuran motos y motonetas italianas, alemanas, españolas, francesas, argentinas, japonesas y chilenas, como por ejemplo dos motos exclusivas de la fábrica Motochi. Así llegaron a desarrollar una atractiva muestra en Lautaro, con 25 máquinas de las cuáles diez se encuentran restauradas plenamente y funcionando con sus piezas originales.
La valiosa exposición, exhibida asimismo en forma itinerante en distintas comunas de La Araucanía, incluye otras antigüedades locales, como máquinas de escribir y de coser y otras “joyas” de la herencia tangible de la cultura popular.
En la imagen, la primera moto fabricada en Chile: la Motochi Lola.










