Fotos: Gustavocuervo.es
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Foto principal. El hombre de las nieves: Cuervo sobre el hielo en uno de los tantos viajes que le han llevado a recorrer el mundo en su moto.
Gustavo Cuervo es un viajero del mundo, un aventurero sin fronteras. Sobre la moto hizo su vida atravesando múltiples geografías, pero al filo de los 70 años mantiene en España su centro de operaciones como ex motociclista profesional y luego periodista, productor, escritor, conferencista y empresario de moto travelling. Su prestigio de trotamundos se refleja en los 2 millones de kilómetros que ya suman sus vueltas al planeta, los cinco Juegos Olímpicos a lo que asistió y los ocho libros que condensan esas apasionantes experiencias sobre dos ruedas.
Por cierto, del Chile austral atesora “lo mejor de un viaje fascinante”, según confiesa en relación al 2016, cuando siguió el trazado de su ruta prevista a través de Argentina, Chile, Marruecos, Kenia, Tailandia, Vietnam y Francia. En rigor, su vida es una película en sí misma, aunque aún no la capture el cine español o alguna serie de streaming.
Como sea, el azar lo puso de frente a su destino, como a otros adolescentes sin fama.”Comencé de mochilero y era menor de edad cuando un viaje en solitario en tren me llevo hasta Suecia pasando por media Europa, en lo que fue mi primera experiencia en el extranjero. Fue realmente inolvidable y aprendí mucho, como sólo se aprende viajando solo, pero me faltaba algo, porque el tren aunque sea romántico y cómodo, no era mi forma de viajar”, relató en una entrevista reciente.

Cuervo recorre el mundo sobre una moto hace tres décadas y luego comparte sus experiencias en libros y conferencias.
“Hice de mi pasión mi profesión”
Y enseguida recuerda que “fue al siguiente año cuando junto con mi hermano José y dos amigos más, sobre dos motos, una Montesa Enduro 250 cc y una Ossa Explorer 250, nos fuimos de viaje todo el mes de agosto a recorrer Europa en una travesía que denominamos ‘Raid siete países’. Pasamos por todos los objetivos previstos, pero sobre todo hicimos kilómetros, muchos kilómetros, en un par de motos nada preparadas para la gran paliza a las que las sometimos, pero que conocíamos al dedillo y en las que podíamos cambiar el pistón -que llevábamos de repuesto para las previsibles ‘gripadas’-, en apenas 15 minutos”.
Como señala a menudo, de ahí en adelante su vida transcurrió siempre sobre una moto. “Como no podía ser de otra manera acabé por hacer de mi pasión mi profesión. Hice reportajes en revistas especializadas, y sobre todo trabajos con la Televisión Española en el seguimiento de eventos por toda España como la Vuelta ciclista, pero también muchos otros que requerían la presencia de la moto como el único vehículo capaz de estar en el corazón de la noticia y trasmitirla. Entonces, bajo las ruedas y mis ojos empezaron a pasar Norteamérica y Sudamérica, la India, Nepal, Kenia, Tanzania, Mali, en fin”, precisa.
Cuervo no se cansa de “volar” sobre la moto y tampoco pierde la capacidad de asombro: “Llevo casi 40 años recorriendo España y aún descubro cosas nuevas. Cuanto más conoces más te faltará por conocer, es la realidad con la que convives cuando no dejas de descubrir cada vez nuevas geografías. Y aún más, nada tienen que ver la mayoría de los mismos paisajes según la estación del año, que también marcan y dibujan muy diferentes naturalezas en el mundo. Se necesitarían infinitas vidas para descubrir un planeta de billones de emociones”, sostiene.

Una postal imperdible de sus aventuras por el mundo: en China acompañado por sus socios de aventura.
El placer de silenciar el motor
“Hitos del Motociclismo” se llama uno de sus últimos libros, donde matiza lo histórico con las horas de kilómetros en viaje que se acumulan en su memoria, incluso con recuerdos tan simples como profundos. “Muchos de mis recuerdos son tan sencillos como los que siente cualquier motociclista. Los olores y sensaciones térmicas de la ruta, los atardeceres y amaneceres rodando, la emoción de la lluvia, el frío del camino, las risas con los amigos, la sonrisa del lugareño al que preguntas, el regreso a casa. Por ejemplo, he tenido el privilegio de vivir una sensación inolvidable en una visita al hospital de niños con cáncer de la Fundación Castro Limón, en Tijuana, México. Fue una jornada emocionante”.
Aunque se declara ciudadano del mundo y lo cautiva la magia del Himalaya y el Tíbet, el español aún conserva el placer de estacionar la moto en la Sierra de Madrid para disfrutar el reposo del guerrero. “De vez en cuando con Chelo, mi esposa, miramos las fotos de los álbumes de cuando empezamos a viajar por Europa y África en los 80. Las motos hoy son maravillosas obras de tecnología, las de entonces eran el romanticismo de la mecánica y del viaje por las carreteras clásicas. Una moto moderna nunca te dejará tirado, salvo que rebases sus límites y que el mantenimiento no sea adecuado. Antes se veía la mecánica en el camping, hoy se manipulan equipos informáticos de comunicación. Pero queríamos mucho a cada moto porque compartíamos con ellas gran parte de nuestras vidas. Hoy al viajar en muy diferentes motos por todo el mundo no tengo las mismas sensaciones, pero las aprecio a todas”, concluye Cuervo.










