Foto portada : Una imagen icónica del archivo…un policía en moto le aplica una infracción a carruaje tirado por una avestruz, en Estados Unidos.
Por Daniel Pérez Pavez
Foto principal Motopasionmoto.com
Las motos policiales son un elemento fundamental en la seguridad pública de cualquier ciudad o rincón apartado del mundo. Y lo fueron desde épocas remotas, cuando aún solían verse imágenes que hoy parecen insólitas como parte de la rutina cotidiana en cualquier poblado del planeta.
En estos tiempos, a menudo leemos o vemos en televisión cuando las policías renuevan su material de dos ruedas como una necesidad frecuente. Un ejemplo retratado en un diario uruguayo de Canelones: “A la entrega de minibuses se sumaron 12 motocicletas de 150 cc, seis destinadas a la jefatura de Policía de Canelones y seis a la Jefatura de Policía de Salto. También se incorporaron seis de 300 cc, que serán destinadas a reforzar las capacidades operativas policiales”, señala la nota de un par de semanas atrás.
En Chile sucedió algo similar hace un mes, cuando la prensa de la Región de Coquimbo resaltó la entrega de motos a la policía uniformada: “Con el objetivo de fortalecer la seguridad y mejorar la capacidad de respuesta ante los requerimientos de la comunidad, Carabineros concretó la entrega de 27 nuevas motos policiales, las que serán distribuidas en las provincias de la región de Coquimbo, beneficiando directamente a las comunas de La Higuera, La Serena, Coquimbo, Vicuña, Ovalle, Monte Patria e Illapel”.

En el año 1945 se creó la Brigada Motorizada de Tránsito, para controlar los vehículos que circulaban por las vías de las principales ciudades del país y desde entonces que las motos se hicieron imprescindibles en la logística del resguardo policial.
Sin embargo, ya muchos años antes en Estados Unidos se producían episodios que reflejaban la acción de la seguridad sobre dos ruedas en situación curiosas. La historia indica que corría el año 1908, cuando Harley Davidson vendió sus primeras unidades de motos para la policía de Detroit.
Por ejemplo, los archivos guardan una imagen emblemática de los años 30 donde se muestra a un motorista de tránsito multar a un pequeño carro tirado por una avestruz (foto principal).

La primera Harley Davidson de la policía de EE.UU.
Avestruces de alta velocidad
El escenario era Los Ángeles en aquella época, con un tránsito caótico en las calles donde compartían motonetas, motos policiales, automóviles y hasta vehículos de tracción animal. Pero los animales no eran caballos, sino imponentes avestruces que se abrían camino a paso agitado sobre el piso de adoquines.
La historia señala que al sur de California, durante las primeras décadas del siglo XX, surgieron muchísimas granjas de avestruces con un fin turístico. Las llamaban “ostrich farms”, y su negocio apuntaba al turismo y al espectáculo, donde los visitantes podían disfrutar de exhibiciones, montar sobre las aves o incluso pasear en pequeños carruajes tirados por ejemplares de esa especie. Una de las más famosas fue la Cawston Ostrich Farm, situada cerca de South Pasadena.
Como sea, en lo años 30 las unidades motorizadas de la policía ya eran de funcionamiento habitual en las grandes ciudades. Y claro, las motos de tránsito también empezaban a convertirse en herramientas fundamentales para sancionar infracciones por alta velocidad.
Y es que ya existían límites de velocidad en las urbes de Estados Unidos e, incluso, se prohibía circular “demasiado rápido” a los carruajes tirados por animales. En Nueva York, por ejemplo, se aplicaban multas sin contemplación a los desplazamientos turísticos de los avestruces.

En Londres la policía de tránsito durante su labor habitual
Policía motorizada en Chile
Y es que una avestruz puede mantener velocidades sostenidas de unos 50 km/h, incluso alcanzar hasta 70 o 90 km/h en carreteras cortas. Las imágenes plasmadas en blanco y negro son un testimonio de un Nueva York, por ejemplo, donde las calles eran compartidas por motos, autos y carruajes tirados por avestruces.
En Chile no circulaban avestruces, por cierto, pero los caballos de carruajes formaban parte de la escenografía cotidiana incluso antes del inicio del siglo veinte.
Para cubrir toda el área urbana de Santiago se desarrolló en pocos años una red de carros tirados por caballos, conocidos como carros de sangre. Los primeros que existieron en la capital circularon por las calles Ahumada y Estado hasta el mercado y favorecieron al comercio. Pronto la red creció hacia el sur por Arturo Prat y San Diego, hacia el poniente hasta Estación Central y también por calle Catedral, Rosas y San Pablo, trayectos que eran realizados por más de 200 carros de sangre y una dotación de mil caballos.
En 1896 sus servicios se volvieron a ampliar y su cobertura alcanzó a Plaza Ñuñoa, Apoquindo con Tobalaba y Llano Subercaseaux. Así relata Memoria Chilena ese proceso, muy anterior a la creación del Cuerpo de Carabineros de Chile, el 27 de abril de 1927.
En la actualidad, ya sean las BMW G 310 GS P, las BMW R 1250 RP-T, o las Honda CRF300L, las motos policiales de alta tecnología están presentes en cualquier lugar del país y ya integran el paisaje histórico de la seguridad pública.










